| “Si lo que
caracteriza a los juegos competitivos es el hecho de que varias
personas o grupos se esfuercen por alcanzar una meta que no todos
pueden conseguir, es decir, que si alguien gana otro necesariamente
tiene que perder; lo que define a los juegos cooperativos es que hay
varios objetivos compatibles; en otras palabras, que si alguien
gana, todos ganarán y si alguien pierde, todos perderán. “ (1)
El juego cooperativo permite:
• Que el niño participe por el mero placer de jugar y no
únicamente por el resultado,
• Asegura la diversión al desaparecer la amenaza de no alcanzar el
objetivo marcado,
• Favorece la participación de todos y propicia el establecimiento
de relaciones empáticas, cordiales y constructivas entre los
participantes,
• El éxito se centra en la superación personal y grupal y no en
superar a otros,
• Nadie es excluido por su falta de habilidad, todos son aceptados y
todos pueden aportar algo al grupo,
• Favorece sentimientos de protagonismo colectivo,
• Fomenta conductas de ayuda y un alto grado de comunicación entre
los participantes.
El niño durante el juego aprende a comportarse de una determinada
forma en función de lo que obtiene de dicho comportamiento. Así, en
los jugos competitivos se justifica el hecho de incumplir las normas
si nadie te ve porque lo importante es el resultado y no el cómo se
logre, de ahí que las conductas agresivas sean algo relativamente
frecuente.
Por el contrario, los juegos cooperativos brindan otro modo de
relación con los demás, no se trata de superar a nadie sino de ver
los retos que se pueden superar entre todos juntos. Valores como
inclusión, creatividad, solidaridad, colaboración, diálogo están por
encima del resultado.
En el juego cooperativo lo importante es el proceso, la diversión,
las relaciones constructivas con las otras personas, el error es un
elemento más en este proceso, sirve para aprender de él, para buscar
y probar juntos nuevas soluciones que aumenten la diversión y hagan
crecer a los participantes como grupo.
Ejemplo de juego cooperativo:
ISLAS
Los niños y las niñas entran en la sala de juego, allí hay
distribuidos varios aros por el suelo y el maestro pide que cada
niño se coloque dentro de un aro. Explica que están en islas pero
que cuando la marea baja se forma una gran paya sobre la que se
puede pasear.
Cada uno abandona su isla y pasea por la sal, saludando de diversas
formas a sus compañeros/as. Cuando el maestro da la voz de alerta:
¡marea alta! Todos corren a ocupar una isla.
El maestro comenta que la marea es cada vez más alta, por lo que
algunas islas desaparecerán. “Tienen que conseguir que nadie se
ahogue ¿cómo pueden hacer si no hay islas para todos?” Alguien
sugiere compartir las islas disponibles. El docente retira uno de
los aros y el juego continúa.
Nuevamente pasea y se saludan, y cuando el docente grita nuevamente
“¡Marea alta!”, los niños corren a ocupar los aros, y tratan de
ayudar a otros a ocupar sus islas. Todos se han salvado, el maestro
retira nuevamente aros y el juego continúa. Cada vez será más
difícil ya que no quedan más que tres islas. Los niños se abrazan
muy juntos ocupando un mismo aro. ¡Lo han conseguido! ¡Nadie quedó
afuera!
El docente forma un círculo sentado en el suelo, coloca los aros en
el centro y pregunta: ¿qué hemos aprendido?, ¿por qué se han podido
salvar todos? ¿cómo se sintieron cuando quedaban pocas islas?.
Momento de reflexión y cierre.
“En el juego competitivo (como en la sociedad neoliberal en la
que nos movemos) parece que sólo a través del éxito se obtiene la
confianza, el reconocimiento y la aceptación de los demás. ¿Por qué
no desarrollar juegos donde se demuestre que es mucho más
constructivo el proceso de superación de un reto colectivo que el
éxito individual cuando éste implica el fracaso de otras personas?,
¿por qué no desarrollar juegos que enseñen a los niños que es mucho
más productivo compartir habilidades que limitarse a exhibirlas?,
¿por qué no desarrollar juegos en los que todos y cada uno de los
participantes, con independencia de sus características personales o
de sus destrezas, sean capaces de aportar algo a los demás? En
definitiva, si soñamos con una sociedad utópica en la que todos
podamos vivir en paz y armonía, ¿por qué no empezamos a
construirla…jugando?”(2)
(1)(2)Velásquez Callado, Carlos. El juego cooperativo en la escuela.
Jugar de un modo lúdico. Noveduc. 2006
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